viernes, 2 de septiembre de 2011

buenas pajas, tus pajas

Le escribí:

-buenas noches, tus noches y buenas pajas, tus pajas.

No se que carajo quise decirle con eso. Suena a pajero, es cierto. Pero en mi defensa no estaba pensando en la paja, como acto masturbatorio o en la leyenda de Onan (aunque se me cruzo la imagen de una ballena chorreando leche). Tampoco pasaba por mi9 cabeza el pensamiento de que bunas pajas que haces, aunque hubiera deseado en aquel instante una de ellas mientras devoraba mis tetillas. Para nada. Mi intento iba más bien en el sentido de decirle que goce, que sienta, que se olvide por un rato de los dolores del mundo, que expulse la familia de su mente, que renuncie a la mochila de la culpa. Pero la pobreza del lenguaje me llevo a eso. Lejos del “en esta vida el morir no es nuevo/ y el vivir, por supuesto, no lo es” de Serguei Esenin escrito con la sangre que brotaba de sus venas, sin tinta y desesperado por escribir.

Pobreza del chat del @ hasta en la sop@ como forma de asexuar las palabras. Como escribir contando monedas, pesos y centavos de una prosa desvirgada por la furia del hambre y la codicia. Como aceptar estar hechos de lengua y parole pero no de historia y deseo. Que estupidez.

(Y la ballena chorreando leche perseguida por el capitán Ahab baña los bailes desnudos de la Duncan y duerme en una lata de atún antes de ser servido con arroz en la mesa de un hombre obsceno que mira el amor y extraña la pornografía)

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